Un animal sin destino. Seis poemas de "Presagio y sedición de la orquídea madre" de Gloria Alvitres
- Poesía en la Ciudad

- 15 ene
- 7 Min. de lectura

Compartimos una selección de poemas del libro Presagio y sedición de la orquídea madre, de la poeta peruana Gloria Alvitres Aliaga, publicado en 2024 por Alastor Editores. En este libro, la voz poética aborda la devastación de la naturaleza a partir de escenarios regionales profundamente ligados al territorio peruano. En este universo, el yo lírico no se sitúa como un ser superior dentro de la pirámide evolutiva, sino como testigo —y parte implicada— de la depredación de la tierra ejercida por su propia especie. Es necesario recordar que este poemario ha sido recientemente reconocido como finalista del Premio Nacional de Literatura 2024.
Esperamos que disfruten la lectura.
IV
No alcanzan los ojos de agua
para saciarte, depredador
no alcanza el tiempo
ni son infinitas las presas
Consumes la piedra, la roca, el camino
devoras el frío, el hielo y el sol
tu ser está hecho de hambre y silencio
Abre las fauces, depredador
muestra los dientes de plata
los cuchillos que rompen los nervios
Quítate esa piel de cordero
enseña la espada y el papel
que tus orejas asoman
ya no es posible ocultar las garras
El discurso del desprecio
repetido por siglos de los siglos
amparado por Aristóteles
reescrito por sacerdotes
refrendado en las Constituciones
Usas la palabra escrita y el dinero
para comer, tragar, deglutir
aglomerar, acumular, amontonar
Se está secando Ñahuimpuquio
en el horizonte queda un desierto
sufren animales y humanos
la boca seca y las llagas
la lengua tiesa, los nervios agitados
XIV
Todas las plantas reales y posibles
se han reunido en tu frente
viéndose en la fuente de tus ojos
se han negado a florecer
No te quiere la flor silvestre
menos la petunia delirante
se burlan de ti los jazmines pálidos
y te niegan su perfume
La astromelia silenciosa
quiere verte estrujado contra un cactus
la bondadosa acacia
oculta pajaritos y bichos
Es una maldición de la Natura
te han desterrado las flores y plantas
eres una especie sin raíces ni belleza
Ofrenda y petición
Creo en ti, Planta madre, diosa del campo, todopoderosa, hacedora del cielo y de la tierra. Creo en ti, orquídea caprichosa, enredadera amarilla que fuiste concebida en seno plantae por obra y gracia de los espíritus errantes. Tú, diosa amaru, madre lunar, reencarnada en Mama Huaco, Micaela Bastidas, Bartolina Sisa, madre anónima que retorna a la Tierra para sanar.
Madrecita natura, qué somos nosotras, qué forma nos posee, por qué te hemos lastimado. Por nuestra culpa de seres materiales, por nuestra obsesión con los metales y la muerte. No entendimos nuestra animalidad y hemos puesto un precio a tus hojas, tus tallos, tu sexualidad colorida. Te rogamos piedad, diosa de la vida y la muerte, hacedora del caos.
Aquí estamos de pie, hemos vuelto a ti, tus hijas huaccha, agarradas a la tierra con las uñas, tras 500 años de silencio, nos levantamos del polvo sangrando, pariendo. Descendimos a los infiernos, aguantamos los golpes, los palos, tomamos la tierra cargando a las wawas sobre la espalda, prendiendo la leña con el vientre cocido, alzando la estera donde la tierra era árida y salada. Aquí estamos, madre eucalipto, señora, killa celestial. Nos dijeron que no teníamos lugar en la historia, nos cortaron de los libros, nosotras que peleamos en las guerras, que apoyamos a los Inkarris, que alimentamos las bocas, curamos heridas, dimos de lactar a los huérfanos.
Nuestra lengua fue cambiada, madre agua, hemos mutado de cuerpo, como serpiente, se nos cayeron las escamas. Abrazamos la revolución, entregamos nuestras venas, nuestro útero, hasta el último de nuestros alientos, Diosa planta, killa luminosa. Nos traicionaron, Diosa agua, y pese a nuestras súplicas:
Nos esterilizaron
Nos esterilizaron
Nos esterilizaron
Y nosotras fuimos la maldita tierra, la que el sol no quiere mirar. Fue la policía que nos quiso callar o los que vinieron tras nuestros pasos, rebuscando entre nuestras cosas, señalándonos como enemigas, como terrucas, como manchadas, como indígenas, como cholas, como arribistas.
Tomaron nuestros cuerpos tantas veces en la guerra, en la paz, en la democracia, en los tratados comercia- les. Nos perdimos en la ciudad, nos convirtieron en un número, en un color amargo, nuestro cuerpo sometido a imposibles, nos quitaron nuestra capacidad de mirarnos al espejo, porque nos borraron. Caminamos entre las ilusiones y reflejos de las calles y en la noche más oscura, cantamos. Te cantamos, diosa fuego.
Fuimos el huaico que desbordó sobre Lima, Arequipa, Trujillo, que llegó a vender en los mercados, en el suelo, a cuidar wawas de otros. Llegamos a reclamar por la tierra, por el agua privatizada, venimos a subvertir el mundo. Migramos a ciudades extranjeras, a Florencia, Washington, Madrid para seguir criando, seguir cosechando con las manos, limpiando otros cuerpos, arrullan- do ancianos. Fuimos la mano barata, curvas exóticas, el deseo oculto de los que negocian cuerpos. Someter no es liberarse, por eso encendemos la antorcha, diosa prieta.
La revolución se dibuja en nuestras bocas. Desde el cerro de Collique, desde la loma de Mangomarca, desde Ciudad de Dios, sobre la roca y el polvo te llamamos: madre Planta, te invocamos, señora de vaticinios, madre de la sanación.
Nunca nos quitarán nuestro canto
Nunca nos quitarán nuestra lengua
Somos el pasado y el futuro en el presente
Nuestro espíritu, nuestra invocación, nuestra voz surgida de las aguas, del Titicaca, de Ñahuimpuquio, Humantay y Yarinacocha. Nuestro canto que se mueve entre los bosques, que surge de la planta maestra, de la hoja, de la raíz material y espiritual. Porque nuestra palabra es el principio y el verbo.
Despierta madre agua, madre serpiente, killa sanadora, te invocamos. Tus hijas heridas, somos ramas de tu cuerpo, cuando abrían un tajo en tu ser, lo sentimos como una costilla arrancada. Te invocamos, diosa Natura, te invocamos y marchamos bajo su bandera, peleamos por ti contra los caballos de acero y los lobos de traje, les arrancamos los dientes y las garras. Te invocamos, a recuperar tus venas de agua, tu aliento de montaña, tu cabello de nieve, tus senos elevados, tu fertilidad, a recuperar a tus hijos arrasados por el fuego.
Como era en el principio
cuando tu pecho nos albergó
en el inicio de todos los tiempos
Diosa hecha de pétalos
Te invocamos para que cures a tu hermano felino que yace herido en batalla contra el acero, que sanes a las huacas de la Amazonía, al monte nevado y los quinales. Te rogamos curar estas llagas, natura, killa luminosa, Amaru de agua, Planta madre.
Te pedimos, señora
que quites la mancha del mundo
Y como tantas veces, mamita natura, hierbita santa, florecita de oca, venimos a darte nuestra voz, único don humano. En la comunión de la danza y en el sonido nos entenderemos; nos quitaremos la venda de los ojos, en- tenderemos que la lluvia es tu sangre y el viento tu aliento, que somos un cuerpo y que nosotras, seres rotos, nos podremos completar al fin en el encuentro con tu vientre.
VIII
Toda comunión con la natura
es cambio radical
Escuchar una orquídea
es un acto de rebeldía
amar el árbol inquieto
sublevación
La observación meticulosa
de una mariposa monarca
sueños de grandeza
Convicciones sociales
se despiertan al
mirar el vuelo de un diente de león
siempre entregado al viento
sacrificándose por sus hijos
El paso de la hoja verde
a la hoja seca y al polvo
es un recuerdo de la mortalidad
Los anillos imperfectos
de una capirona
secuestrada por una sierra eléctrica
generan sed de justicia
Delinear un anís estrella
para un álbum botánico
es enfrentarse a la automatización
Pintarse el cuerpo con una orquídea
echarle agua a un tomatillo silvestre
criar un jardín medicinal
son actos de protesta
Porque toda comunión
con lo plantae
encierra un pacto
con nuestro ser animal
entenderse en la naturaleza
es un acto de sedición
XI
Dejemos de mirar este ombligo disfuncional
no somos un microcosmos
ni la copia imperfecta de un ser divino
Nuestra sombra de muerte
no amerita una condena eterna o un ala rota
Cargar una culpa milenaria
que sacude nuestro ser animal
no marca nuestra desgracia
no existe cielo o infierno
ni caminos de dolor
Echemos barro a nuestra lógica de simio parlante
dejemos de colocarnos en el escalón más alto
aceptemos el instinto y la memoria
entendamos nuestra célula imperfecta
nuestro apéndice de ser quimera
abracemos nuestro cordón umbilical
Seamos otra especie-mundo
destrocemos la mano-hierro
entendamos nuestro ser-muerte-vida
abandonemos la distopía
seamos planta-vida-Tierra
XIII
Una flor es un recuerdo del jardín perdido
anunciaba Dickinson
Yo andaba todas las tardes buscando
al huarango soñador y la criatura totémica
que pueda dar una respuesta a la angustia
Todo jardín le pertenece a una flor perdida
era mi ser febril que caminaba
entre ramas por Madre de Dios
tocando el Dorado de agua con las manos
Todo jardín es el recuerdo de una revolución
Y estaba de rodillas ante el río
abrazada a las retamas ceremoniales
añorando a la abuela piel de oca
Sin entenderlo siquiera
la redención se me escapó de las manos
las raíces de los molles me atraparon
entonces vi mi animalidad
mi ser carbono y líquido
Vi en el río Moche
mi cielo caído y mis ojos oscuros
las pieles de mis abuelas
quemadas, arrancadas del hueso
Me abracé al adobe
pedí perdón por envenenar a la sábila
y olvidar el jardín de las hiedras
Me lancé desde un barranco
y fui rodeada por campanillas
sujetadas mis manos por espinas
Desde ese día he sido
un animal sin destino
otro hombre
otra mujer
otra naturaleza
Gloria Alvitres Aliaga (Collique-Lima, 1992) es escritora, estudia y teoriza sobre la ecocríti- ca. Publicó el libro Canción y vuelo de Santosa (Alastor, 2021), poemas suyos han sido pu- blicados en la Revista UNAM Internacional (México, 2023), la antología de poesía eco- feminista Perú-México Árboles sobre el desier- to (Lima, 2023), y fue parte de los cronistas del libro Andanzas y reescrituras: apuntes para perderse en Lima. Sus trabajos periodísticos versan sobre temas de memoria, ambiente, feminismo, colabora con el medio ambiental Mongabay Latam y es parte del Movimiento Ciudadano Frente al Cambio Climático en Perú.







Comentarios