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Un animal sin destino. Seis poemas de "Presagio y sedición de la orquídea madre" de Gloria Alvitres

Compartimos una selección de poemas del libro Presagio y sedición de la orquídea madre, de la poeta peruana Gloria Alvitres Aliaga, publicado en 2024 por Alastor Editores. En este libro, la voz poética aborda la devastación de la naturaleza a partir de escenarios regionales profundamente ligados al territorio peruano. En este universo, el yo lírico no se sitúa como un ser superior dentro de la pirámide evolutiva, sino como testigo —y parte implicada— de la depredación de la tierra ejercida por su propia especie. Es necesario recordar que este poemario ha sido recientemente reconocido como finalista del Premio Nacional de Literatura 2024.

Esperamos que disfruten la lectura.


IV

No alcanzan los ojos de agua

para saciarte, depredador

no alcanza el tiempo

ni son infinitas las presas

 

Consumes la piedra, la roca, el camino

devoras el frío, el hielo y el sol

tu ser está hecho de hambre y silencio

 

Abre las fauces, depredador

muestra los dientes de plata

los cuchillos que rompen los nervios

 

Quítate esa piel de cordero

enseña la espada y el papel

que tus orejas asoman

ya no es posible ocultar las garras

 

El discurso del desprecio

repetido por siglos de los siglos

amparado por Aristóteles

reescrito por sacerdotes

refrendado en las Constituciones

 

Usas la palabra escrita y el dinero

para comer, tragar, deglutir

aglomerar, acumular, amontonar

 

Se está secando Ñahuimpuquio

en el horizonte queda un desierto

sufren animales y humanos

la boca seca y las llagas

la lengua tiesa, los nervios agitados

 

XIV

Todas las plantas reales y posibles

se han reunido en tu frente

viéndose en la fuente de tus ojos

se han negado a florecer

 

No te quiere la flor silvestre

menos la petunia delirante

se burlan de ti los jazmines pálidos

y te niegan su perfume

 

La astromelia silenciosa

quiere verte estrujado contra un cactus

la bondadosa acacia

oculta pajaritos y bichos

 

Es una maldición de la Natura

te han desterrado las flores y plantas

eres una especie sin raíces ni belleza

 

Ofrenda y petición


Creo en ti, Planta madre, diosa del campo, todopoderosa, hacedora del cielo y de la tierra. Creo en ti, orquídea caprichosa, enredadera amarilla que fuiste concebida en seno plantae por obra y gracia de los espíritus errantes. Tú, diosa amaru, madre lunar, reencarnada en Mama Huaco, Micaela Bastidas, Bartolina Sisa, madre anónima que retorna a la Tierra para sanar.


Madrecita natura, qué somos nosotras, qué forma nos posee, por qué te hemos lastimado. Por nuestra culpa de seres materiales, por nuestra obsesión con los metales y la muerte. No entendimos nuestra animalidad y hemos puesto un precio a tus hojas, tus tallos, tu sexualidad colorida. Te rogamos piedad, diosa de la vida y la muerte, hacedora del caos.


Aquí estamos de pie, hemos vuelto a ti, tus hijas huaccha, agarradas a la tierra con las uñas, tras 500 años de silencio, nos levantamos del polvo sangrando, pariendo. Descendimos a los infiernos, aguantamos los golpes, los palos, tomamos la tierra cargando a las wawas sobre la espalda, prendiendo la leña con el vientre cocido, alzando la estera donde la tierra era árida y salada. Aquí estamos, madre eucalipto, señora, killa celestial. Nos dijeron que no teníamos lugar en la historia, nos cortaron de los libros, nosotras que peleamos en las guerras, que apoyamos a los Inkarris, que alimentamos las bocas, curamos heridas, dimos de lactar a los huérfanos.

Nuestra lengua fue cambiada, madre agua, hemos mutado de cuerpo, como serpiente, se nos cayeron las escamas. Abrazamos la revolución, entregamos nuestras venas, nuestro útero, hasta el último de nuestros alientos, Diosa planta, killa luminosa. Nos traicionaron, Diosa agua, y pese a nuestras súplicas:


Nos esterilizaron

Nos esterilizaron

Nos esterilizaron


Y nosotras fuimos la maldita tierra, la que el sol no quiere mirar. Fue la policía que nos quiso callar o los que vinieron tras nuestros pasos, rebuscando entre nuestras cosas, señalándonos como enemigas, como terrucas, como manchadas, como indígenas, como cholas, como arribistas.


Tomaron nuestros cuerpos tantas veces en la guerra, en la paz, en la democracia, en los tratados comercia- les. Nos perdimos en la ciudad, nos convirtieron en un número, en un color amargo, nuestro cuerpo sometido a imposibles, nos quitaron nuestra capacidad de mirarnos al espejo, porque nos borraron. Caminamos entre las ilusiones y reflejos de las calles y en la noche más oscura, cantamos. Te cantamos, diosa fuego.


Fuimos el huaico que desbordó sobre Lima, Arequipa, Trujillo, que llegó a vender en los mercados, en el suelo, a cuidar wawas de otros. Llegamos a reclamar por la tierra, por el agua privatizada, venimos a subvertir el mundo. Migramos a ciudades extranjeras, a Florencia, Washington, Madrid para seguir criando, seguir cosechando con las manos, limpiando otros cuerpos, arrullan- do ancianos. Fuimos la mano barata, curvas exóticas, el deseo oculto de los que negocian cuerpos. Someter no es liberarse, por eso encendemos la antorcha, diosa prieta.

La revolución se dibuja en nuestras bocas. Desde el cerro de Collique, desde la loma de Mangomarca, desde Ciudad de Dios, sobre la roca y el polvo te llamamos: madre Planta, te invocamos, señora de vaticinios, madre de la sanación.


Nunca nos quitarán nuestro canto

Nunca nos quitarán nuestra lengua

Somos el pasado y el futuro en el presente


Nuestro espíritu, nuestra invocación, nuestra voz surgida de las aguas, del Titicaca, de Ñahuimpuquio, Humantay y Yarinacocha. Nuestro canto que se mueve entre los bosques, que surge de la planta maestra, de la hoja, de la raíz material y espiritual. Porque nuestra palabra es el principio y el verbo.


Despierta madre agua, madre serpiente, killa sanadora, te invocamos. Tus hijas heridas, somos ramas de tu cuerpo, cuando abrían un tajo en tu ser, lo sentimos como una costilla arrancada. Te invocamos, diosa Natura, te invocamos y marchamos bajo su bandera, peleamos por ti contra los caballos de acero y los lobos de traje, les arrancamos los dientes y las garras. Te invocamos, a recuperar tus venas de agua, tu aliento de montaña, tu cabello de nieve, tus senos elevados, tu fertilidad, a recuperar a tus hijos arrasados por el fuego.


Como era en el principio

cuando tu pecho nos albergó

en el inicio de todos los tiempos

Diosa hecha de pétalos


Te invocamos para que cures a tu hermano felino que yace herido en batalla contra el acero, que sanes a las huacas de la Amazonía, al monte nevado y los quinales. Te rogamos curar estas llagas, natura, killa luminosa, Amaru de agua, Planta madre.


Te pedimos, señora

que quites la mancha del mundo


Y como tantas veces, mamita natura, hierbita santa, florecita de oca, venimos a darte nuestra voz, único don humano. En la comunión de la danza y en el sonido nos entenderemos; nos quitaremos la venda de los ojos, en- tenderemos que la lluvia es tu sangre y el viento tu aliento, que somos un cuerpo y que nosotras, seres rotos, nos podremos completar al fin en el encuentro con tu vientre.


VIII

Toda comunión con la natura

es cambio radical

 

Escuchar una orquídea

es un acto de rebeldía

amar el árbol inquieto

sublevación

 

La observación meticulosa

 de una mariposa monarca

sueños de grandeza

 

Convicciones sociales

se despiertan al

mirar el vuelo de un diente de león

siempre entregado al viento

sacrificándose por sus hijos

 

El paso de la hoja verde

a la hoja seca y al polvo

es un recuerdo de la mortalidad

 

Los anillos imperfectos

de una capirona

secuestrada por una sierra eléctrica

generan sed de justicia

 

Delinear un anís estrella

para un álbum botánico

es enfrentarse a la automatización

 

Pintarse el cuerpo con una orquídea

echarle agua a un tomatillo silvestre

criar un jardín medicinal

son actos de protesta

 

Porque toda comunión

con lo plantae

encierra un pacto

con nuestro ser animal

entenderse en la naturaleza

es un acto de sedición

 

XI

Dejemos de mirar este ombligo disfuncional

no somos un microcosmos

ni la copia imperfecta de un ser divino

 

Nuestra sombra de muerte

no amerita una condena eterna o un ala rota

 

Cargar una culpa milenaria

que sacude nuestro ser animal

no marca nuestra desgracia

no existe cielo o infierno

ni caminos de dolor

 

Echemos barro a nuestra lógica de simio parlante

dejemos de colocarnos en el escalón más alto

aceptemos el instinto y la memoria

entendamos nuestra célula imperfecta

nuestro apéndice de ser quimera

abracemos nuestro cordón umbilical

 

Seamos otra especie-mundo

destrocemos la mano-hierro

entendamos nuestro ser-muerte-vida

abandonemos la distopía

seamos planta-vida-Tierra

 

XIII

Una flor es un recuerdo del jardín perdido

anunciaba Dickinson

 

Yo andaba todas las tardes buscando

al huarango soñador y la criatura totémica

que pueda dar una respuesta a la angustia

 

Todo jardín le pertenece a una flor perdida

era mi ser febril que caminaba

entre ramas por Madre de Dios

tocando el Dorado de agua con las manos

 

Todo jardín es el recuerdo de una revolución

Y estaba de rodillas ante el río

abrazada a las retamas ceremoniales

añorando a la abuela piel de oca

 

Sin entenderlo siquiera

la redención se me escapó de las manos

las raíces de los molles me atraparon

entonces vi mi animalidad

mi ser carbono y líquido

 

Vi en el río Moche

mi cielo caído y mis ojos oscuros

las pieles de mis abuelas

quemadas, arrancadas del hueso

 

Me abracé al adobe

pedí perdón por envenenar a la sábila

y olvidar el jardín de las hiedras

 

Me lancé desde un barranco

y fui rodeada por campanillas

sujetadas mis manos por espinas

 

Desde ese día he sido

un animal sin destino

otro hombre

otra mujer

otra naturaleza


Gloria Alvitres Aliaga (Collique-Lima, 1992) es escritora, estudia y teoriza sobre la ecocríti- ca. Publicó el libro Canción y vuelo de Santosa (Alastor, 2021), poemas suyos han sido pu- blicados en la Revista UNAM Internacional (México, 2023), la antología de poesía eco- feminista Perú-México Árboles sobre el desier- to (Lima, 2023), y fue parte de los cronistas del libro Andanzas y reescrituras: apuntes para perderse en Lima. Sus trabajos periodísticos versan sobre temas de memoria, ambiente, feminismo, colabora con el medio ambiental Mongabay Latam y es parte del Movimiento Ciudadano Frente al Cambio Climático en Perú.

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