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La mirada sobre el cuerpo. Una lectura del libro «Tristania y otros híbridos de la peste» de José Gabriel Cabrera Alva

Actualizado: 10 abr


 Por: Úrsula Alvarado


En verano del 2013, recorría un conocido centro cultural limeño al que asistí para la inauguración de la muestra «Womankind» de la artista peruana María María Acha-Kutscher, compuesta por collages y montajes de fotografías antiguas entre las que se encontraba la serie titulada Les Spectaculaires que mostraba retratos de mujeres afectadas por algún tipo de anormalidad o condición que las convirtió en seres únicos y que, por lo mismo, las condujo, en su mayoría, a ganarse la vida en circos que las exhibían como rarezas o aberraciones de la naturaleza. Gracias a la lectura del último libro de José Gabriel Cabrera Alva, he recordado a las spectaculaires, entre ellas Alice Elizabeth Doherty, más conocida como “la chica lanuda de Minnesota”, la “chica lobo” o “Alicia, la maravilla” como la llamaban en los escenarios circenses. En diferentes momentos de nuestra historia, los seres “dotados” o marcados por algún rasgo distintivo al común hegemónico, han sido objeto del rechazo o la burla. En la muestra mencionada, junto a “Alicia, la maravilla” encontrábamos a la mujer obesa, a la mujer gigante, a la mujer sin brazos, a las siamesas, entre otras. Lamentablemente, no fueron las únicas en las que recayó esta condición de seres monstruos, son muy conocidos también los casos de la enfermera Mary Ann Bevan, “la mujer más fea del mundo” o Joseph Merrick, el popular “hombre elefante”. En el Perú, el comediante Fernando Del Águila, más conocido como “Largo” por sus 96 cm de estatura; Margarito Machaguay, “el gigante de Bagua” o Eliseo Arrieta, “el gigante de Huanta”, también fueron objeto de la mirada displicente con que se observa a las personas con anomalías físicas y “gozaron” de sus 15 minutos de fama en circos y/o programas de televisión a señal abierta en donde, en pleno siglo XXI, hacían reír al público con la exhibición de sus cuerpos.

 

Tristania y otros híbridos de la peste nos enfrenta a siete personajes interrelacionados entre sí y hermanados por su condición de seres anómalos, aunque no necesariamente por alguna malformación física como Tristania, el cara de cerdo o la amante del perro, una mujer enana, sino también por un trastorno mental/emocional como el carroñero o el señor de las plantas, e incluso aquellos que sin presentar ninguna anomalía física viven segregados por sus extrañas condiciones de vida como el caso de la malabarista o la comefuegos. Que el libro inicie precisamente con las historias/poemas de estos dos últimos personajes, trabajadoras del circo, genera la sensación de adentrarse, cada vez más a medida que se avanza en la lectura, en un escenario de freak show poético al que se suma la sensación de peligro, ansiedad y muerte causada por las diversas alusiones a la peste. En el verso 42 del poema TRISTANIA leemos “La peste daba vueltas en mi cabeza. Los gorriones parecían buitres”.  Si bien el autor no menciona de manera explícita al virus SarsCov21, hace uso de elementos que un sobreviviente de la pandemia como usted o como yo bien podemos reconocer e identificar. En EL SEÑOR DE LAS PLANTAS leemos: “había un extraño virus que se estaba expandiendo por todas partes”, más adelante continúa “llevaba algo en el rostro. Era una mascarilla como la que se usa en los hospitales (…) al principio se había rehusado a usarla, ahora formaba parte de su cuerpo”. En EL CARROÑERO, la voz poética anuncia “la gente escucha cantar a una suerte de juglares de estos tiempos de pandemia” lo que nos hace recordar a los artistas callejeros que en tiempos de aislamiento social recorrían las calles desoladas en busca de recursos para el sustento o la sobrevivencia. Las referencias continúan; no obstante, considero que, si bien la pandemia motivó la escritura de este libro, su verdadero aporte radica en haber proporcionado al autor el escenario tétrico propicio en donde deslizar otras ideas que a mi parecer cobran mucha más fuerza en el conjunto.

 

Una de ellas es la importancia de la mirada sobre el cuerpo diferente. Los personajes que habitan este libro, en menor o mayor medida, viven atormentados por la mirada que su entorno tiene sobre ellos. En 1990, el sociólogo francés David Le Bretón afirmaba que “tan solo por su presencia, el hombre con una discapacidad física o sensorial provoca una molestia, un cambio en la interacción (…) el individuo que sufre una discapacidad no es percibido como un hombre completo, sino a través del prisma deformante de la compasión o del distanciamiento”. En el poema titulado CARA DE CERDO, el verso 42 dice: “Teníamos muchas cosas en común. En primer término, el desprecio injustificado de los otros”, más adelante agrega: “Decían que éramos unos monstruos, que íbamos a traer la desgracia a este lugar. El cuerpo es el lugar de la identidad del hombre y todo lo relacionado con su cuerpo va a modificar la relación que tiene con el mundo, mientras más visible sea la diferencia más será la atención que provoque, que llegará acompañada de reacciones diversas que van del horror al asombro pasando por la compasión o la burla, lo que genera un quiebre en las relaciones sociales y el debilitamiento paulatino de la seguridad, identidad y autoestima del observado. Consciente o no, se ejerce cierta violencia contra el ser diferente, los personajes del libro parecen adelantarse a esta situación o responder actuando en muchos casos a la defensiva:

 

1

Mi rostro es de cerdo.

 

2

Sé que algunos pueden considerarlo una aberración, para mí es un orgullo.

 

3

Ser diferente lo es.

 

4

Nada más deleznable que una existencia común

 

(…)

 

Soy quien se burla de lo ordinario, de lo común que es el resto”.

 

CARA DE CERDO (Pág. 41)

 

1

Estoy ciego. Quiero dejarlo claro desde ya.

 

2

No siento que esto sea una discapacidad: me permite deleitarme con otras sensaciones

 

EL SEÑOR DE LAS PLANTAS (Pág. 77)

 

En el transcurso de nuestra historia, se han ido modificando los paradigmas de lo que debe ser un cuerpo. Según el historiador ruso Mijail Bajtin, este paradigma es lo que se denomina “canon corporal” entendiéndose como el conjunto de reglas y proporciones, conscientemente establecidas y aplicadas a la representación del cuerpo humano, por lo que todo lo que se inserta en el canon es aceptado como “normal” y, por consiguiente, de “anormal” a todo aquello que se sale de la regla. “No sé por qué a algunos les cuesta tanto entender lo diferente”, leemos en el primer poema titulado LA TRAPECISTA. En el mundo que vivimos hoy, ¿acaso no se sigue mirando como una anormalidad a quienes escapan de lo convencional? ¿No son acaso mal vistos o excluidos y segregadas de diversos espacios a las personas transgénero, a los tatuados, a los mutilados, los esquizoides o quienes poseen algún trastorno conductual? Tristania y otros híbridos de la peste es una gran hipérbole del marginado, la empatía y la tolerancia son las cualidades que estos versículos horrorizados defienden por encima del prejuicio y la indiferencia.


Poeta José Gabriel Cabrera Alva (Foto de autor)


Otra idea relevante que desarrolla el libro es la indiscutible importancia del arte como refugio, una herramienta por medio del cual conectamos con nuestras fibras más sensibles y que nos permite expresarnos con libertad. En el versículo 42 del poema EL CARROÑERO leemos: “A veces no queda otra opción que hacer arte desde el abismo”. Recordemos cómo en tiempos de incertidumbre pandémica, nos volcamos masivamente a las diversas manifestaciones que el arte nos ofrecía para aferrarnos a la vida, tal como en otros tiempos lo hicieran Vincent Van Gogh, Frida Kahlo, Emily Dickinson o el mismo Joseph Merrick, por nombrar solo a algunos. Este enfoque del arte como catalizador de emociones no excluye a la palabra escrita. Por lo menos en dos ocasiones, la voz poética del libro deja claro la contundente importancia de saber leer y escribir como instrumento básico para la supervivencia. Los libros fueron mis mejores compañerosleemos en el poema CARA DE CERDO. Más adelante además hay alusiones a otras manifestaciones del arte:

 

107

Acaso lo que yo hago sea lo que muchos: un ejercicio de sobrevivencia.

 

108

Cuando estoy como un poseso esculpiendo o pintando mi pesadumbre disminuye.

 

130

Cada quien con sus armas. La mía era el arte.

 

EL CARROÑERO (Pág., 108)

 

Además de lo dicho, es notable como el autor ilumina la atmósfera pandémica con diversas alusiones a lo níveo, en el poema LA AMANTE DEL PERRO leemos “la nieve lo cubría todo”. Más adelante, en TRISTANIA, la luz vuelve aparecer con más fuerza “La enfermedad eran tan blanca que enceguecía mis ojos”, mas estas referencias a la luminosidad simbolizan una presencia maligna, una metáfora del invierno absoluto, la frialdad de los muertos o la estación final de la vida. En medio de esta blancura contrastan los cuerpos, las bolsas negras, las gárgolas, las aves carroñeras, los huesos de peces que no son más que la vida resistiéndose a la muerte. La lectura de este libro no solo nos proporciona un regreso a lo absurdo vivido en tiempos de pandemia, sino que nos exhorta a una inclusión cada vez más necesaria en una sociedad que se va deshumanizando con el tiempo, dicho de otro modo, reclama la recuperación de la “mirada sensible” de la que nos hablaba Susan Sontag, esa capacidad de mirar al otro de forma encarnada, que nos permita reconocernos en su dolor, reivindicarnos, respetarnos e integrarnos socialmente. Quizá la poesía sirva para este propósito como una tenue luz entre las sombras.


Entre los cuerpos muertos

Crece la flor.



Libro "Tristania y otros híbridos de la peste" (Lustra Editores, 2023) - Fotografía: Poesía en la ciudad



José Gabriel Cabrera Alva (Lima, Perú). Estudió Literatura en la UNMSM y Artes Plásticas en la PUCP. Fue director de la revista de literatura Ajos & Zafiros, obtuvo el 2° Premio Adobe de Poesía y fue finalista en el Premio Copé de Poesía 2003. Ha publicado los poemarios El libro de los lugares vacíos (1999), Canciones antiguas (2004), Ombligo de ángel (2007), Del mal amor (apuntes de la era de la violencia) (2016) y el libro Tristania y otros híbridos de la peste (Lustra, 2023).

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