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Todo lo guardo en mis ojos. Seis poemas de María Emilia Cornejo.


DESPUÉS DE UN LENTO APRENDIZAJE


después de un lento aprendizaje

puede reconocer sin equivocarme

las formas de tu cuerpo,

besar tiernamente tus mejillas

y saber con exactitud

las dimensiones de tu falo.

ahora, cada encuentro se convierte

en el hecho cotidiano de besarse

meternos en la cama y repetir

los movimientos del amor.

tu cuerpo se estremece a cada orgasmo,

yo te pido más

y en la necesidad de recuperarte

mis labios exploran tu pubis,

para entonces

cansado y sudoroso.

mis senos abrigan tu sueño.


LA SOLEDAD ABRUMADORA DE MIS DÍAS


la soledad abrumadora de mis días

se acrecienta en mis oídos

hasta hacerlos estallar,

ya nadie respeta mis decisiones;

soy la hija extravagante y loca

que hay que rescatar.

entonces

cada palabra mía se convierte

en un grito desgarrador

sin eco y sin respuesta.



EMPEZAR OTRA VEZ A BUSCAR UN PARQUE POCO ILUMINADO


empezar otra vez a buscar un parque poco iluminado

para rescatar el color de las rosas

y caer entre geranios y azucenas.

embriagados de amor

recorremos a cien por hora nuestros cuerpos,

y tus manos hurgando en mis senos

no consiguen encontrar la respuesta a tus preguntas.

alguien se asoma tímidamente

y

nosotros

hipócritamente

encendemos un cigarrillo.

las calles de Lima nos aguardan para gritarnos a la cara

nuestro desamparo.

frustrados y agotados nos despedimos,

ambos sabemos que no será la última vez.


TRATO DE GUARDAR…


Trato de guardar

los mejores momentos que pasamos juntos,

nuestra loca decisión de meternos desnudos en el mar

de hacer el amor sobre la arena.

trato de guardar

tu cuerpo poblado de bondad

tus manos llenas de ternura

y tu infinita paciencia en cada esquina.

trato de guardar

tu llanto de caballo herido

tu grito desesperado ante mi frigidez.

traro de guardar

tus pasos siguiendo mi vida

tu entrega incondicional

y esa forma tan tuya de hacerme feliz.

trato de guardarlo

en el único lugar que queda intacto.

todo lo guardo en mis ojos.



CADA VEZ QUE SIENTO QUE LA MUERTE…


Cada vez que siento que la muerte me abandona, cansada de insistir, cada vez que siento más vitalmente esos ratos fugaces de ese algo inexplicable, mezcla extraña de alegría de vivir, es cuando añoro como nunca esas noches interminables de mi vida cotidiana.

Cada vez que se ponen en relieve mis miedos, miedos milenarios ante lo desconocido, cada vez que se hacen evidentes estos momentos instantáneos de felicidad, es que añoro aquella libertad segura de sí misma, cada vez que frente a rostros inmutables tengo que hurgar un sentimiento generalmente odioso, cada vez que la sangre de mis padres envenena de escrúpulos mis buenas intenciones, entonces tengo ganas, tengo ganas de mil cosas diferentes, como gritar en una calle, como decir por favor, ya basta, tengan un poco de respeto por la persona que habita en mí, y que ustedes quieres todavía, por la persona desconsolada, desconsolada y errante que busca mis destinos.

Por favor

Comprendan

Lo

Incomprensible.



PORQUE TODOS MIS PORQUÉS DE NIÑA


Porque todos mis porqués de niña se encontraron con muros y paredes, porque nací ya bloqueada e imposibilitada de abrirme, porque mi voz corre como caballo desbocado al viento porque soy campana de papel que se destroza por hacerse escuchar, porque cada niño desvalido lleva mi nombre, porque todos los ojos del mundo me ven al levantarme, porque estoy y no estoy con mis amigos, porque duermo (a veces) y sueño cosas imposibles, porque cada mañana alimento con palabras los rosales de mi casa, porque las viejas rejas de mi ventana lloran los jueves santos, porque miro el mundo que envenena de hambre a los hombres, porque a cada paso tropiezo con mi sombra, porque voy y no voy a lugares visitados por extraños, porque río y porque como, porque soy cada vez más de este mundo, porque voy a misa los domingos y me santiguo al pasar por el Santísimo, porque poseo el rosario de mi abuela, que me habla cada noche de viejas recetas de cocina, porque veo llegar a mis amigos cargados de cosas y esperanzas, porque soy gente y vivo con la gente, y saludo a todos cuando los veo retratados, porque amo y soy amada hasta el imposible, porque juego y río, porque lloro y me apenan todos los niños y los viejos, porque sé que estoy para representar lo mejor posible mi papel de mujer buena, porque odio sin rencores y olvido tiernamente que nunca me quisieron, porque cada día de mi vida me duele en todas mis costillas, porque tengo la sangre envenenada para siempre de buenas intenciones, porque defeco y toso, porque acompaño a todas las madres en el parto, porque nazco y muero con la rosa, porque viajo en microbús y me duelen los zapatos, porque pretendo solucionar todos mis problemas, porque soy buena como el mejor pan de Jauja, porque bebo cuantas veces quiero el agua de los ríos, porque los árboles siempre me dan su nombre, porque estoy sola y soy la soledad de la noche, porque dan las diez en el reloj de mi casa y todavía no he llegado, porque voy al cine y fumo, porque voy y vengo de la mar, porque todas las cosas me pertenecen y porque soy eternamente desposeída, porque nada puede lograr a cambio de un plato de lentejas, porque soy y camino un camino de piedras, porque me quejo y sufro, porque ya no sé llorar.

Porque sólo sé

escribir,

escribo.


MARÍA EMILIA CORNEJO (Lima, 1949 - 1972) fue una poeta peruana, estudiante del Programa de Literatura de la UNMSM. Sus poemas fueron publicados en las revistas Gesta (1970), Eros (1973), Raíces édicas (1981), Viva (1985), La casa de cartón (1986). En 1989 se publicó el poemario "En la mitad del camino recorrido" bajo el sello editorial del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. Recientemente, se ha publicado el libro "Todo lo guardo en mis ojos", poesía reunida de María Emilia bajo el sello del Fondo de Cultura Económica.

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