Innúmeras, como las estrellas, son las flores. Seis poemas de Esther M. Allison
- Poesía en la Ciudad

- hace 2 días
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A continuación comparto seis poemas del libro Sámaras de la poeta Esther Margarita Allison, a quien conocí inicialmente gracias a las referencias que el doctor Ricardo González Vigil hiciera sobre su obra tanto en el apartado dedicado a la literatura de la Enciclopedia temática del Perú como en la antología Poesía peruana del siglo XX. Recuerdo haber leído entonces, con asombro, el recuento de sus más de quince poemarios publicados.
Sin embargo, después de aquellas primeras aproximaciones, pasaron muchos años sin que tuviera la oportunidad de leerla directamente, mucho menos de encontrar alguno de sus libros. Hace algunas semanas, en Huacho, pude acceder, gracias a una visita a la biblioteca de Josué Barrón, gran lector y editor, a dos publicaciones de su autoría. De ese encuentro nace esta breve selección de poemas (acompañadas del acápite final, escrito por la autora) atravesados por la naturaleza y la sensibilidad floral, como preludio de un artículo que espero compartir próximamente con ustedes.
Úrsula Alvarado
Margarita
Y contigo otra vez, tú, margarita,
que sabiendo dar flor en todas partes
tus luminosas cátedras impartes,
a paisaje ninguno circunscrita.
Porque nada tu dádiva limita.
En ti, aislamientos nunca. Nunca apartes.
Que más fúlgidamente te repartes
cuanto más el amor te solicita.
Si tu límpida nieve te ilumina,
por tu sol detenido resplandeces,
montaraz, ribereña, campesina.
Más allá de mudanzas o reveses,
enséñame la incólume doctrina
de florecer lo mismo que floreces.
Hiedra
En verdeniño amor sobre la piedra
dulce, confiadamente recostado,
tan a la par amante como amado
reclina al tierno corazón la hiedra.
Lastimadura alguna la desmedra.
No la toca siquiera el atentado.
Que izándose en amor a nuevo grado
ningún sofoco ni huracán la arredra.
Pero, arrancada de su fuerte muro,
en qué muerte instantánea se derrumba,
muerte cabal. Como la misma piedra.
Ay, Amor, que sin Ti vivir procuro,
y sólo sé morir... pero sin tumba...
¡Cómo tuviera el corazón de hiedra!
Heliotropo
Juntando a la fragancia el terciopelo,
tu palabra, heliotropo, que arracima
todas las añoranzas de mi Lima
como santarrositas en revuelo.
Con tu palabra, mi nostalgia encielo.
Heliotropo . . . qué bálsamos encima
de la úlcera tenaz que me lastima...
¡Qué suavideces sobre mi desvelo!
Heliotropo . . . heliotropo . . . Terciopela
mi voz en cuatro sílabas de aroma . . .
Las pronuncio, y el alma se me vuela...
Aún más que clerodendro y cinamoma.
Más aún que magnolia, que diamela...
Heliotropo ..
Y el alma, una paloma.
Lirio azul
Lirio azul en septiembre... Ya se aveza
mi amor a cada insólito mensaje.
En doradez madura de otoñaje,
esta delicadísima turquesa.
Porque no cabe más delicadeza.
Con el soplo lindando o el vahaje
o las aéreas tramas del celaje,
tintándose en suspiro la pavesa.
Anuncio de la eterna primavera
que habrá de florecerme de improviso
el páramo sediento de la espera.
Le reconozco, ingrávido, el aviso...
Sé Quién, desde Su fúlgida ribera,
me llama a compartirle el paraíso.
Duendería
Una,
dos,
tres gotitas...
Pero, ¿en lila?...
Sobre el obscuro verdecer agreste
cada una pareciera me conteste:
Un duende, un duendecillo me burila...
Entre malva y morado claro oscila
la frágil miniatura de la veste.
Que no el viento pugnaz se le recueste,
que apenas vaharada la aniquila.
Chiquitina la flor, tan chiquitina
que sólo la amorosa perspicacia
le descubre el rincón que la confina.
Y entre mis manos ya, donde titila
en su apenas partícula de gracia,
una gotita de rocío lila.
Geranio
No te olvido, geranio, no te olvido.
¿Cómo olvidarte la alta cabezuela
que supo serme la mejor escuela
de abierto corazón encandecido?
Me selló la puericia tu estallido
de inmóviles relámpagos, procela
sin tregua floreciendo y sin cautela,
irrevocable amor y desmedido.
Te mordía el tallito azucarado,
fingiéndoles tus pétalos pintura
a mis labios de niña...
Tu recado
no aminora su prístina frescura...
Nadie, geranio, como tú, me ha dado
el exacto sabor de la dulzura.
Acápite final.
Innúmeras, como las estrellas, son las flores. Enraizadas a veces en una sola región, como en los Alpes, nos exigen, para conocerlas, el viaje... y nos dan, con su encanto, sus nombres: edelweiss, rododendro, genciana, polígala, silene inflée, astrancia, pyrola, lirio del paraíso, pervinca, ancolía, benoit, thym, raiponce, vulneraria, citiso, cerastio, nigritela, napelo, muguet, dafne, adonis, caltha, dríada, saxifraga, gayuba, saponaria, anémona, ranúnculo, centáurea, lirio martagón . . . Inagotable catálogo.
Pero, viajeras ellas también, a veces se trasladan de comarca a comarca, y, entonces, cambian el prístino bautismo. Así, las isabelitas dormidas de Lima son teresitas en Monterrey -por cierto, primas hermanas de las pervincas alpinas-; las achiras o cannas, coyoles; la beIlísima, enredadera de San Diego; la diamela, jazmín; el peruanísdimo ñorbo, pasionaria; la cala o cartucho, alcatraz; el hibisco, tulipán, y elisa la azucena ... Como el muy limeño jacarandá se feminiza aquí en la jacaranda . . .
Corresponden muchas denominaciones a la América del Sur: ipé, copihue, irupé, ibirá-pitá. . . O al Perú, nacidas en su amazonía, su sierra o su litoral: amashisa, amorshisa-shisa significa flor-, yoritarp, taperibá, matico, congona, capulí, bellaunión, garbancito azul, malvita de olor, jazmín del desierto... Del ámbito peruano proceden asimismo otras palabras: garúa, llovizna finísima; charapa, tortuguita fluvial; huerequeque, avecilla corredora; urpi, paloma...
Florideces fusionadas en fragancia y matiz con mi propia vida, confluyen, esperanza o recuerdo, vertientes entrañables, al Lar Infinito de la Poesía. Porque, emanada del Verbio de Dios, algo retiene la Poesía de la prístina creación del Universo.
Del libro "Sámaras" (Monterrey, 1981)

Esther Margarita Allison (Huacho, 1918 - 1992) fue docente, periodista, literata y activista por los derechos femeninos. Escribió varios cuentos, piezas teatrales y artículos periodísticos por los que recibió varias distinciones. Desde 1968 hasta cerca de su muerte residió en Monterrey (México), donde logró publicar varios libros, aunque mucho de su obra permanece inédito o disperso en revistas. Tiene alrededor de 15 poemarios entre los que destacan "Alba lírica" (1935) y "Alleluia" (1946) por el que recibe la Medalla de Oro de la Municipalidad de Lima en 1947.




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