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Presérvame de Tu sombra. Cinco poemas de QUASAR de Mario Montalbetti

Recientemente, la editorial Personaje Secundario que con tanto acierto dirige el poeta y editor peruano Cayre Alfaro, ha publicado el libro QUASAR Y OTROS POEMAS de Mario Montalbetti que recoge sus poemas publicados en revistas. Aquí les compartimos algunos textos de este gran rescate editorial. ¡Disfruten la lectura!



QUASAR / El Misterio del Sueño Cóncavo


Tu mano de garra pudo acariciarme la frente; pero no lo hizo.

Tus tetas de barro pudieron descolgarse sobre mi rostro; pero no lo hicieron.

Tu sexo andrógino no se permitió debilidad alguna.

Recorres en silencio el silencio del cuarto

con una cabeza humana entre tus dientes.

¿Dónde está ahora tu cuerpo, pequeño tigre?

Las sábanas de la noche están mojadas de esperma de sangre y de sudor.

Mi miedo es mi brújula y mi miedo, pequeño tigre,

es el centro de tus círculos concéntricos.


Abismo es la distancia entre el arco más alejado de tu asedio

y el mueble punto sobre el que te ciernes.

Sentado sobre el catre blanco trato de replantear el Este.

Tus ojos espejo continuaron la senda helicoidal

Y se bebieron toda la luz;

tu tráquea ha sorbido todos los ruidos.

Tu cola sincéntrica ha enlazado todas las distancias.

Abismo es la distancia que nos encuentra, pequeño tigre.

Busco en mis planos la estructura del asedio;

sólo encuentro a Tokyo en la palma de mi mano.

Abismo es la distancia que nos devuelve, pequeño tigre,

a un orden nuevo.


La palabra “real” tomada en sí misma es difícil de comprender.

En viejos ascensores atascados recorrí segmentos del asedio

¿persiguiendo? Las huellas invisibles de tu paso.

Nada se ve, nada se escucha, oh imbécil amo del silencio,

en este limbo espeso como la brea: todo se siente.

Yo siento el pesado aliento del viaje de tus pómulos, pequeño tigre.

Huyo al baño para tratar de resolver el asedio.

La toalla inmaculada pende de un gancho de aluminio

desplomándose como una catarata detenida.


Me miro en el espejo, hace demasiado calor, y me pregunto:

“¿Es esto real?”


Saco mi lengua reseca y mi lengua, pequeño tigre,

lame la pelambre regular de tus lomos; sin tocarte.

Eres bajo una forma de ser

que toda mi experiencia anterior me dice que no es.

Eres igual a mí pero vacío.

Y sin embargo eres costumbre cuerda nudo asombro alisio.

si en realidad habitas mi páncreas, mi hígado y mi recto.

De cara al espejo entiendo la geografía de tu asedio,

pequeño tigre, la nomenclatura de tus esferas.

Yo soy la duda y el que duda.


Existe un lenguaje sin género ni número,

sin caso ni tiempo ni modo, sin activa ni pasiva.

El nombre del lenguaje está inscrito en signos binarios,

Con largos fémures bajo la forma de pequeños rabitos.

Ninguna realidad está debajo de ese lenguaje;

sus palabras no mencionan objeto alguno.

Con ese lenguaje construyo el abismo que nos encuentra, pequeño tigre.

Mis sonidos se sustentan en el error,

tus movimientos circulares son la naturaleza del cortejo.

Sigues siendo, pequeño tigre, sigues rodando.

Sigues burlándote de mi grosera semiología, sigues girando.


Mi cuerpo volvió a sentir la torpe necesidad de la colcha.

Dejé el baño; cerré la puerta; regresé al catre (blanco).

Un lago obscuro se eleva sobre sí mismo

levantándose en espiral desde el centro de un ruido.

Capas sucesivas y tibias comenzaron a desprenderse de las superficies del lago

desplazando el oxígeno, invadiendo cada zona del cuarto.

Un violento olor me sumergió adentro

por los canales discontinuos de la metástasis. . .

. . .

Has meado, pequeño tigre:

¿es ésta la señal de tu permanencia?


Tendido de cara al techo imagino la curvatura del asedio.

Intento reconstruir la historia con un juego de espejos

colocados en un solo tiempo.

Un sueño es un acto de inteligencia.

Vagas y obscuras formas comienzan a delinearse

con la misma irregularidad limítrofe que la de la costa y el mar.

Ya no me muevo;

el cansancio y el sudor han tomado por asalto mi cuerpo.

El abismo se colma; los espejos ya no refractan;

ubres umbilicales interpretan las geometrías.

Mi tacto y mi olfato fundarán el universo.


Tu cuerpo, pequeño tigre, se tiende sobre el catre junto a mi cuerpo.

Mis uñas raspan desde el temor los cursos laterales de tus lomos;

viejas cicatrices se abren paso entre mis dedos

dejando una estela segura.

Zonas gélidas, zonas tórridas, se suceden en transición.

Ya no hay delante, debajo, encima ni detrás;

sólo permanece el entre, llenándose y vaciándose,

siguiendo el ritmo de las branquias de la noche.

La esperma, la sangre y el sudor suplantan al catre.

Aparecen los falos.

Monte sobre trueno; viento sobre viento; trueno sobre fuego.


Yo siento tu falo, pequeño tigre, horadando mis cavidades; devastando.

Continuando un movimiento natural que nos contrae

adentro, adentro, hasta las arcaicas simas.

Mi temor encuentra un nuevo espacio:

temo que mi falo te aniquile, pequeño tigre.

Ese nuevo espacio es falso; no hay espacio.

No tengo aire; tu aliento lo trasforma todo en azogue; no tengo aire.

Mi falo se eleva sobre sí mismo

iniciando un viaje esférico que lo resume todo

(el espejo, el abismo, el lenguaje, el baño)

en un solo movimiento.

Y al final de su recorrido la redonda morada apareció en su exacta ubicación:

mi falo perforó hasta tu último quark.


Todos los sentidos convergieron; todos los movimientos.

Un viento huracanado revolvió el cuarto

girando en torno al eje de la doble cópula.

Por primera vez te veo, pequeño tigre;

tendido, extenuado, hermoso y limpio.

La noche comienza a perder densidad.

Tu cuerpo comienza a perder consistencia.

Un irreparable orden ha quedado suspendido en la trastienda.

Hemos engendrado, pequeño tigre, la miseria de una metáfora útil.


Hueso húmero N° 1, Lima, 1979


FEB 12, 1993 / Remake de "May 24, 1980", de J. Brodsky


He huido, a falta de bestias salvajes, de verano viles:

he dejado huellas momentáneas sobre arenas pacíficas


y sobre las cortezas de árboles negros, iniciales permanentes.

He vivido frente al mar y entre montañas.

He estudiado el arte y el vicio del billar

y he olvidado todos los espejismos que he visto en el Norte.


He cenado con no sé quién, pavos y pollos.


Desde lo alto del Centro Cívico he visto media ciudad migrando, empujando


lentamente carretillas multicolores frente a edificios oficiales.

Dos veces he estado a punto de ahogarme, tres veces

he sido herido por jugar distraídamente con afectos ajenos.

He abandonado el país que me nutrió y me espantó.


He atravesado las llanuras que vieron vaqueros locos

disparar contra indios alcoholizados

y viajado en trenes entre ciudades cultivadas por la ciencia

y la violencia. He vestido como mi prójimo, caminado

sobre el hielo de los lagos, fotografiando desiertos,


esperando en largas colas largas decepciones.


He admitido al diablo en mis sueños y a Dios en mis pesadillas.

He probado el pan del exilio: es magro y desabrido.

He pronunciado todos los sonidos de mi idioma

excepto al aullido. Y ahora tengo 40 años.


¿Qué puedo decir de la vida? Que es larga y que aborrece la longitud.

La ansiedad me acompaña como la radiación constante al fondo del universo.


Pero cuando abran mis innumerables laringes

y limpien el barro que mis amigos me han obligado a tragar


solo encontrarán palabras de gratitud en ellas.


Tabla de poesía actual N° 3-4, Filadelfia, 1994


3 SANTANDER


O no exactamente amor pero sí algo tierno e inestable

que terminé por destrozar a golpes contra las paredes de esta casa


antes de abandonarla. Oh, no me cuentes lo que hacen

los poetas: van detrás del amor a ilegibles borbotones,


mientras siguen respirando con ayuda externa, mínimamente

conscientes de las máquinas y los tubos a los que andan


conectados -ah, y todo el dinero ese que dicen desconocer,

símiles. Cuanto lo siento -dijo la amada- pero he estudiado


el deseo con gran diligencia. Siguen los versos plagados de

versificaciones, siguen las coimas. O no exactamente poema


pero sí algo de veras ingenuo rebalsó de esos días, vidas

privadas de vida, artificios tan elegantes como inservibles.


Medianoche. Solamente mi pierna se ha dormido. Todo el resto

sigue siendo triste, lejano, insoluble a la oscuridad.


6 LURÍN LARKIN LUREN


Como si uno no se fuera a quedar en el mismo sitio

mucho tiempo más, o como si uno mirara hacia atrás


temiendo estar en algún otro lugar, uno vive asustado del susto final,

aquel que ningún animal puede evitar: nada después de esto, nada

con qué pensar, nadie a quien ver (tocar, oír, gustar) nadie a quien

oler cada mañana y nadie con quien negociar, los hábitos


sonámbulos. Salvo esto, ya no hay más días; salvo la vaga indigestión

que acompaña al que duerme demasiado o al que duerme demasiado

tarde, ya nada nos llama la atención, ya nada nos mira

nada nos atormenta.


De SIETE PAISAJES SOMATIZADOS

Hueso húmero N° 34, Lima, 1999



AUTO / Remake del coro V de "The Rock" de T.S. Eliot


O Señor, libérame de Tus excelentes intenciones

y de la pureza de Tu corazón,


porque Tus intenciones aún excelentes,

me confunden y el corazón es engañoso

y desesperadamente perverso.


O Señor, líbrame del Dios que tiene algo que ganar

y del Ángel que tiene algo que perder.


Déjame solo, desfóndame el cerebro, inclúyeme


en la lista de almas que jamás verán Tu rostro

y que pasarán la eternidad jugando

al billar

razonando en vano la geometría de los

diamantes.


He experimentado Tu afecto

y he recordado inmediatamente las

palabras del profeta Elroy:


“La experiencia no es sino caos representado

en línea recta.”


Presérvame de Tu sombra


que es la luz del mediodía;

sálvame de la verdad y del acierto

porque la verdad es mediocre y el

acierto innecesario

digo, a estas alturas.


Ahórrame el género de hombres y mujeres

que moldeaste del barro hartado

y que terminaron hablando del teatro como arte

y del actor como héroe.


O Señor, detesto el poder y Tú los resumes

todos.


Si acaso Te aburres en las noches desérticas

escóndeme y hazTe el que me buscas.


No me encontrarás.


Estaré conversando con animales modestos

y con plantas carnívoras,


y Tú bien sabes que ellos no mencionan Tu

nombre para nada.


El salmo fugitivo. Antología de poesía religiosa latinoamericana. Barcelona, 2009


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QUASAR Y OTROS POEMAS de Mario Montalbetti

[Personaje Secundario, 2023]

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Mario Montalbetti (Lima, 1953) es Profesor Principal de Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha escrito nueve libros de poemas: Perro Negro (1978), Fin Desierto (1995 y 1997), Llantos Elíseos (2002), Cinco segundos de horizonte (2005), El lenguaje es un revólver para dos (2008), Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano (2008), Apolo cupisnique (2012), Vietnam (2014), Simio meditando (2016) y Notas para un seminario sobre Foucault (2018). Su poesía reunida ha aparecido bajo el título de Lejos de mí decirles (Editorial Aldus, Ciudad de México 2013 y Ediciones Liliputienses, Cáceres 2014); una selección de la misma apareció bajo el título En una lengua rompida en Ruido Blanco (Quito, 2017) y otra bajo el título Huir no es mejor plan en Mansalva (Buenos Aires, 2017). También ha publicado Lacan arquitectura (con J. Stillemans, Fondo Editorial PUCP, Lima 2009); Cajas, un estudio sobre lenguaje y sentido (Fondo Editorial de la PUCP, Lima 2012), la colección de ensayos Cualquier hombres es una isla (Fondo de Cultura Económica, Lima 2014), El más crudo invierno. Notas a un poema de Blanca Varela (Fondo de Cultura Económica, Lima 2016), Ceguera y sentido del poema (Bisturí 10, Santiago 2019) y El pensamiento del poema (Marginalia, Santiago 2019 y Kriller71, Barcelona 2019). Es co-director de la revista Hueso Húmero.

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