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Peregrinación a Santa Beatriz

Toda peregrinación es un viaje a lo desconocido. En ese sentido, participar de la peregrinación literaria propuesta por el investigador Paulo César Peña fue un revelador recorrido por un barrio silencioso y casi olvidado de Lima, pero que sin embargo fue cuna de los intelectuales más representativos de nuestra Generación del 50; valga decir, terreno sagrado para todo aquel que ame y valore nuestra gran tradición literaria y todo lo que ello encierre.

La importancia cultural de esta zona de Lima motivó a Paulo a realizar una investigación que dio como fruto una plaqueta de ensayos titulada «Peregrinación a Santa Beatriz» publicada en el año 2016 y en la que alterna información relevante sobre la huella literaria de este barrio limeño con detalles históricos y anécdotas personales que dejan entrever su propio imaginario de este rincón de la capital que lamentablemente no se ha mantenido incólume con el paso del tiempo sino que presenta una transformación propia de la modernización y la fiebre inmobiliaria que invade las ciudades. Aun así, Santa Beatriz mantiene su esencia por medio del recuerdo y el ánimo de sus habitantes más fieles quienes aún persisten y se resisten a la des espiritualización de su entorno.

Hace casi dos semanas pude por fin ser parte de este viaje. A pesar del otoño y del viento que se apodera de las tardes, Paulo nos muestra Santa Beatriz y nos lleva a recorrer sus calles llenecitas de historia, tradición y por qué no decirlo, de nostalgia. Saboreamos la ruta a paso lento y nos asombramos con cada descubrimiento: imposible no emocionarme frente a la casa de Sebastián Salazar Bondy, luego conocer la de Fernando de Szyszlo, Julio Ramón Ribeyro, los lugares por donde transitaron Jorge Eduardo Eielson, Sologuren, Arguedas, llegar a la casa de nuestra querida Blanca Varela fue indescriptible, nunca me he sentido tan cerca de su palabra viva y brillante.

En ese andar todos fuimos peregrinos, ya sea soportando la tristeza de lo ya perdido como penitencia por aquello que no hemos sabido valorar o agradeciendo el milagro de lo aún conservado, volvemos entonces la mirada hacia sus obras, leemos sus poemas, tomamos apuntes y fotografías y finalmente nos vamos como el viajero que retorna a casa no sin antes prometer lo que se debe al término de cada peregrinaje, el de volver y en este caso también el de leerlos más y mejor, difundir sus obras, compartir el aprendizaje.

El día acaba con la certeza que nos queda mucho por hacer para revalorar nuestra tradición y patrimonio pero también que no es imposible intentarlo mientras tengamos miradas y proyectos como el de Paulo que nos acercan a nuestra historia y a nuestras letras pues a pesar de todo siempre nos queda la poesía.

Úrsula Alvarado


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